La escala corta en Roma con el embarque por confirmar fue, según parece, demasiado para mi mochila. En Addis Abeba, donde tenía que asegurarme de que me la facturasen hasta Lilongüe, los cuatro etíopes distintos a quienes pedí ayuda me pusieron la misma sonrisa de pena: no podemos facturar su maleta, señor, porque no llegó en su vuelo... Van a buscar de nuevo, pero...
Mi vuelo a Lilongüe estaba a punto de salir, y en ese compendio de nacionalidades africanas que es el aeropuerto de Addis Abeba yo tenía que dejar dicho que se acordasen de facturar mi maleta, cuandoquiera que llegase, hasta Malaui, porque yo no iba a estar allí para recogerla... Nubes negras se cernían sobre mí.
Reclamé, como es de ley, en el aeropuerto al llegar, y me fui, con lo puesto, a dar pena por Lilongüe: el conductor de mi taxi paró en una tienda de ropa que estaba cerrando, pidió que me dejarán entrar y ahí compré cuatro cosas básicas; en la empresa de safaris, que yo empezaba la mañana siguiente, se ofrecieron a hacer el seguimiento de mi reclamación en mi ausencia; hasta un empleado de mi alojamiento me prestó su chaqueta para que pudiera cenar sin congelarme...
Y así es como un españolito se fue de safari por Zambia con una mochilita de mano y una bolsa de plástico por todo equipaje, vestido con un jersey de marinero (otra cosa de abrigo no había).
(Me quité el jersey para la foto, faltaba más). El lunes por la tarde, al llegar al alojamiento del safari, era la primera prueba de fuego: si todo había ido bien, mi mochila ya debería haber llegado a Lilongüe. Pero no... En este momento inspiraba ya también la pena de los dos holandeses que vinieron al safari conmigo, de los encargados zambianos, y del grupo de 16 estudiantes y 3 profesores ingleses que están haciendo también el safari con nosotros. El españolito sin maleta del jersey de marinero.
Pero el martes, a la vuelta del safari de la mañana, primera luz: tienen un aviso del aeropuerto y van a ir a ver. Las horas pasan y no me dan más información: ¿es mi mochila? Salimos al safari de la tarde y sigo con la incertidumbre. Pero por la noche, pregunto de nuevo al encargado: tu mochila te espera en el hotel de Lilongüe, me dice. ¡¡Sí!!
Así que hoy miércoles, aunque ha amanecido encapotado y hemos visto menos animales que ayer, todo parece como más alegre. Mañana por la noche llegaremos a Lilongüe y será la hora de la verdad: tras cinco días separados, ¿nos volveremos a ver, querida mochila?
(Completo esta entrada hoy jueves, para no dejarla en el aire: ¡estaba aquí! ¡Ya tengo mi mochila! :-D)

Un poquito de emoción para empezar... Me alegro que tuviera final feliz ;)
ResponderEliminarPues ahora sí que parece una aventura ;-) Y ya no soy el único que da sustos en este grupo!!
ResponderEliminar¿Sabías que la ibas a perder cuando publicaste su foto en la primera entrada?
ResponderEliminarLo que no me encaja es que un burgalés se ponga jersey en África, con el zierzo que nos corre por aquí. ajjaajja. Oye lo del business me ha dejado con hambruna. Tres platos, pero no a elegir, los tres no?