Ayer fue caminata por los manglares y a través del arenal hasta la isla vecina de Quirimba, comida en la playa y baño antes de desandar el camino en barco con la marea alta. Y hoy, nado con delfines (ese era el plan, pero al final ha sido sobre todo nado tras delfines), snorkelling en un barco hundido y playita en un banco de arena, el de la foto concretamente.
El banco es como una pequeña isla alargada de arena que solo emerge en la bajamar. Por si la foto no le hace justicia, ya lo aclaro yo: un paraíso. Hoy nos hemos juntado seis en la excursión: dos parejas italianas, mi amigo suizo y yo. Tengo un cacao de lenguas romances en la cabeza...
Pero nada hay en la vida perfecto, ni eterno. Mi espalda da para escribir la novela de 50 sombras de rojo; y mañana toca volver a Pemba, para emprender el domingo el viaje de vuelta. ¡Hasta siempre, Quirimbas!

Envidia elevada a n :-)
ResponderEliminarYa estaba yo pensando en ti, Saraza, cuando escribía esta entrada :-)
EliminarHala, ya puedes decir que te ha sido a las Quimbambas. O Quirimbas...
ResponderEliminarEso pensaba yo, que esto era más o menos la Quimbamba, pero a pesar de lo difícil que es llegar, había italianos por hordas :-·.
Eliminar¿No has encontrado a quien te diera crema protectora en la espalda?
ResponderEliminarTiene una pinta bárbara en foto y en descripción.
La guinda del viaje, supongo.
Sí que tenía quién me diera, porque íbamos en grupo, pero es mucho sol y mucha agua y mucha disciplina para darse crema que yo no tengo...
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